sábado, 12 de mayo de 2012

Kavafis


Konstantinos Kavafis (o Cavafis) fue un poeta que nació y murió en Alejandría (1863-1933). Para mí fue completamente desconocido hasta hace pocos días. Cuando me hablaron de él, me leyeron un poema y me dijeron que se trataba de un poeta alejandrino, yo creí que al menos habían pasado veinte siglos entre sus escritos y nosotros. Me asombró ver que en realidad data de finales del siglo XIX y principios del XX. 

Aunque escribe desde un punto no tan lejano a nosotros, imagino los escenarios de sus poemas como los de uno clásico, por ejemplo de Catulo. No puedo quitar de mi mente el estigma del poeta alejandrino de algún siglo antes de nuestra era. 

Comparto con ustedes algunos poemas de los 154 que dejó como legado. ¿Cuál le gusta más y qué le hace sentir, querido lector fantasma?

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Fui
Nada me retuvo. Me liberé y fui. 
Hacia placeres que estaban tanto en la realidad como en mi ser, 
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como 
sólo los audaces beben el placer.

Cuando aparezcan
Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas,
esas visiones eróticas.
Sitúalas, veladas, en tus versos.
Trata de asirlas, poeta,
cuando aparezcan en tu cerebro
a medianoche, o en el brillo del mediodía.

Contemplé tanto
Contemplé tanto la belleza,
que mi visión le pertenece.

Líneas del cuerpo. Labios rojos. Sensuales miembros.
Cabellos como copiados de las estatuas griegas;
hermosos siempre, incluso despeinados,
y caídos apenas, sobre las blancas sienes.
Rostros del amor, tal como los deseaba
mi poesía... en mis noches juveniles,
en mis noches ocultas, encontradas.

Recuerda, cuerpo...
Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y temblaron en otras voces --y que humilló
la suerte.
Ahora que todos ellos con cosas del pasado
casi parece como si hubieras satisfecho
aquellos deseos --como ardían, 
recuerda, en los ojos que te contemplaban;
cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.

Comprensión
Los años de mi juventud, mi vida voluptuosa-
qué claramente veo su significado.

Qué vanos remordimientos, qué innecesarios...

Mas no podía entonces comprenderlo.

En el fondo de mi vida joven y disoluta hallaron forma las imágenes de mi poesía, 
se gestaba el alcance de mi arte.

Por ello mis enmiendas fueron tan inconstantes. 
Mis resoluciones de continencia, de cambiar, 
duraban dos semanas como máximo.

El origen
Han satisfecho su placer
prohibido. Y del lecho se levantan,
vistiéndose apresuradamente sin hablarse.
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y
     mientras
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco.

Pero cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana, otro día, años después escritos serán
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.

(De: Konstantivos Kavafis, 56 poemas, trad. de José María Álvarez, Mondadori, Madrid, 1998)