Konstantinos Kavafis (o Cavafis) fue un poeta
que nació y murió en Alejandría (1863-1933). Para mí fue completamente
desconocido hasta hace pocos días. Cuando me hablaron de él, me leyeron un
poema y me dijeron que se trataba de un poeta alejandrino, yo creí que al menos
habían pasado veinte siglos entre sus escritos y nosotros. Me asombró ver que
en realidad data de finales del siglo XIX y principios del XX.
Aunque
escribe desde un punto no tan lejano a nosotros, imagino los escenarios de sus
poemas como los de uno clásico, por ejemplo de Catulo. No puedo quitar de mi
mente el estigma del poeta alejandrino de algún siglo antes de nuestra
era.
Comparto
con ustedes algunos poemas de los 154 que dejó como legado. ¿Cuál le gusta más
y qué le hace sentir, querido lector fantasma?
Ítaca
Cuando
emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes
rogar que el viaje sea largo,
lleno
de peripecias, lleno de experiencias.
No
has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni
la cólera del airado Posidón.
Nunca
tales monstruos hallarás en tu ruta
si
tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción
penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los
lestrigones y los cíclopes
y
el feroz Posidón no podrán encontrarte
si
tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si
tu alma no los conjura ante ti.
Debes
rogar que el viaje sea largo,
que
sean muchos los días de verano;
que
te vean arribar con gozo, alegremente,
a
puertos que tú antes ignorabas.
Que
puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y
comprar unas bellas mercancías:
madreperlas,
coral, ébano, y ámbar,
y
perfumes placenteros de mil clases.
Acude
a muchas ciudades del Egipto
para
aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva
siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar
allí, he aquí tu destino.
Mas
no hagas con prisas tu camino;
mejor
será que dure muchos años,
y
que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico
de cuanto habrás ganado en el camino.
No
has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca
te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin
ellas, jamás habrías partido;
mas
no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y
si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y
siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin
duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
Fui
Nada
me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia
placeres que estaban tanto en la realidad como en mi ser,
a
través de la noche iluminada.
Y
bebí un vino fuerte, como
sólo
los audaces beben el placer.
Cuando
aparezcan
Trata
de asirlas, poeta,
aunque
no consigas retenerlas,
esas
visiones eróticas.
Sitúalas,
veladas, en tus versos.
Trata
de asirlas, poeta,
cuando
aparezcan en tu cerebro
a
medianoche, o en el brillo del mediodía.
Contemplé
tanto
Contemplé
tanto la belleza,
que
mi visión le pertenece.
Líneas
del cuerpo. Labios rojos. Sensuales miembros.
Cabellos
como copiados de las estatuas griegas;
hermosos
siempre, incluso despeinados,
y
caídos apenas, sobre las blancas sienes.
Rostros
del amor, tal como los deseaba
mi
poesía... en mis noches juveniles,
en
mis noches ocultas, encontradas.
Recuerda,
cuerpo...
Recuerda,
cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no
solamente en qué lechos estuviste,
sino
también aquellos deseos de ti
que
en otros ojos viste brillar
y
temblaron en otras voces --y que humilló
la
suerte.
Ahora
que todos ellos con cosas del pasado
casi
parece como si hubieras satisfecho
aquellos
deseos --como ardían,
recuerda,
en los ojos que te contemplaban;
cómo
temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.
Comprensión
Los
años de mi juventud, mi vida voluptuosa-
qué
claramente veo su significado.
Qué
vanos remordimientos, qué innecesarios...
Mas
no podía entonces comprenderlo.
En
el fondo de mi vida joven y disoluta hallaron forma las imágenes de mi
poesía,
se
gestaba el alcance de mi arte.
Por
ello mis enmiendas fueron tan inconstantes.
Mis
resoluciones de continencia, de cambiar,
duraban
dos semanas como máximo.
El
origen
Han
satisfecho su placer
prohibido.
Y del lecho se levantan,
vistiéndose
apresuradamente sin hablarse.
Abandonan
por separado, furtivamente la casa; y
mientras
caminan
algo inquietos por las calles, parece
como
si sospecharan que algo en ellos traiciona
en
qué clase de lecho cayeron hace poco.
Pero
cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana,
otro día, años después escritos serán
los
versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.
(De:
Konstantivos Kavafis, 56
poemas, trad. de José María Álvarez, Mondadori, Madrid, 1998)