viernes, 18 de noviembre de 2011

In memoriam

Claro es que hay días que la extraño más que otros.
Claro es que hay días en los que simplemente no puedo creer que ya no esté aquí.
Claro es que no hay día que pase frente a su habitación sin recordar que en otro tiempo me detenía y entraba a verla.
Claro es que aún sueño con usted, gracias a Dios, y despierto con una gran sonrisa.
Claro es que quiero volver a darle un besito en la frente mientras está recostada en su cama.
Que me diga que vaya a comer.
Que me pida que le lleve dulces.
Que me diga que ya se cansó de caminar.
Que se enoje con el perro porque la molesta.
Que me diga que toque más fuerte el piano para que me pueda escuchar.
Que me pregunte si ya tomé mi café.
Que me despierte para preguntarme si estoy dormida. Bueno, claro es que puedo prescindir de esto.
Pero no puedo prescindir de usted, de su amor y de su esencia.
Me quejo de tener que entender la muerte sin entender aún la vida. Pero, ¿para que quiero entender a una o a otra?
Básteme con saber que usted está viva. Aquí y allá. 
Quizás no debería extrañarla porque sería negar de alguna manera que sigue viva.
O quizás sí debería porque eso es mantenerla aun más viva dentro de mí.

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