Seriamente me he preguntado si mis gustos están influidos directa pero inconscientemente por la publicidad que a diario recibo. Es probable que así sea. Gran parte de un ser humano, incluidos sus gustos, está construido por la cultura en la que ha crecido. Entonces no es descabellado pensar que mis gustos estén influenciados por las miles de imágenes, slogans, canciones pegajosas, logos y demás que llegan a todos mis sentidos desde que he nacido. Quizás esa sea la razón por la que me gusta (me encanta) la empresa de comida rápida mencionada.
"Haiga sido como haiga sido" ya soy parte de sus consumidores. Uno de mis pequeños --literalmente pequeños-- placeres es comprar la cajita feliz (¿ésta también debe llevar ®?). Juguete más hamburguesa con queso, unas papas y un refresco sin exceso, por 49 pesos me parecía una compra razonable. Sin embargo hace unas horas me llevé una gran decepción al darme cuenta de que ahora dan las papas y el refresco mucho más pequeños de lo que ya eran. ¡Hasta parecen de juguete! También hay que mencionar que ahora la cajita feliz incluye una pequeña bolsa con gajos de manzana (que quizás ni siquiera forman media manzana). Las hipótesis al respecto son:
a) "Alguien" (léase alguna organización gubernamental relacionada con la salud) los obligó a hacer la comida más sana --ligeramente menos chatarra-- y ahora deben incluir frutas y verduras.
b) Decidieron por voluntad propia hacer más sano el menú con fines mercadológicos (expandir el mercado, venderse como empresa más sana, darle atole con el dedo a la gente y consolarlos por comer y dejar a sus hijos comer en ese lugar).
En cualquiera de los dos casos, para compensar los miles de millones invertidos en esas bolsitas de manzana, ahora hacen el resto de los componentes más pequeños.
Pero esta reducción no es exclusiva de las cajitas felices. Recuerdo que las Big Mac® también eran más grandes. ¿Qué pasó? McDonalds® es una de esas empresas que se puede jactar de mantener los precios aun en tiempos de crisis... a costa, claro, de reducir sutilmente el tamaño de sus productos. Pero es lógico que la gente salga pueda salir con hambre al consumir un paquete más pequeño, ¿cómo hacerle entonces para que sigan comprando? Muy fácil: aumentar la variedad de productos e introducir promociones. Entonces tenemos ahí los famosos combos (McTríos®) agrandados por menos de diez pesos, los complementos (que inlcuso pueden ser más hamburguesas) por doce pesos y la infinita oferta de postres y cafés para la sobremesa. Claro que cualquiera de estos productos que he mencionado se puede adquirir a un mejor precio si se compra un combo o incluso sólo si se compra uno. También hay que recordar que con la introducción de ensaladas expandieron el mercado de venta y con los desayunos, el horario.
Al final, McDonalds® siempre va a ganar --y sería tonto que no lo hiciera-- y los consumidores, ¿también? ¿De verdad me gusta su comida o sólo creo que me gusta? Da igual, supongo, porque seguiré comiendo de vez en cuando ahí y seguiré disfrutándolo aunque algunos días, como hoy, saldré decepcionada y contrariada. No sé si llegue el día en que puedan más mis razonamientos que mis ganas de comprar una cajita feliz. Ya les estaré contando.
PD. Y esto es sólo una pequeña pizca de lo analizable en un sistema de comida rápida que hace a sus respectivas marcas --y empresas-- ser tan redituables y... ¿deliciosas?
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