miércoles, 13 de junio de 2012

About death

I forgot death. I forgot it is around us every time. It seems crazy but I forget we all are going to die. Maybe is youthness, maybe are all my plans and my faith. I don't know what it is but sometimes it makes me forget about death. 


The corpse and the blood, the pain and the weeping, the dark clothes and the light faces. It's important to remember that someday, walking down the street you will see it all, you will live it all and you will die at all. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Kavafis


Konstantinos Kavafis (o Cavafis) fue un poeta que nació y murió en Alejandría (1863-1933). Para mí fue completamente desconocido hasta hace pocos días. Cuando me hablaron de él, me leyeron un poema y me dijeron que se trataba de un poeta alejandrino, yo creí que al menos habían pasado veinte siglos entre sus escritos y nosotros. Me asombró ver que en realidad data de finales del siglo XIX y principios del XX. 

Aunque escribe desde un punto no tan lejano a nosotros, imagino los escenarios de sus poemas como los de uno clásico, por ejemplo de Catulo. No puedo quitar de mi mente el estigma del poeta alejandrino de algún siglo antes de nuestra era. 

Comparto con ustedes algunos poemas de los 154 que dejó como legado. ¿Cuál le gusta más y qué le hace sentir, querido lector fantasma?

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Fui
Nada me retuvo. Me liberé y fui. 
Hacia placeres que estaban tanto en la realidad como en mi ser, 
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como 
sólo los audaces beben el placer.

Cuando aparezcan
Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas,
esas visiones eróticas.
Sitúalas, veladas, en tus versos.
Trata de asirlas, poeta,
cuando aparezcan en tu cerebro
a medianoche, o en el brillo del mediodía.

Contemplé tanto
Contemplé tanto la belleza,
que mi visión le pertenece.

Líneas del cuerpo. Labios rojos. Sensuales miembros.
Cabellos como copiados de las estatuas griegas;
hermosos siempre, incluso despeinados,
y caídos apenas, sobre las blancas sienes.
Rostros del amor, tal como los deseaba
mi poesía... en mis noches juveniles,
en mis noches ocultas, encontradas.

Recuerda, cuerpo...
Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no solamente en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y temblaron en otras voces --y que humilló
la suerte.
Ahora que todos ellos con cosas del pasado
casi parece como si hubieras satisfecho
aquellos deseos --como ardían, 
recuerda, en los ojos que te contemplaban;
cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.

Comprensión
Los años de mi juventud, mi vida voluptuosa-
qué claramente veo su significado.

Qué vanos remordimientos, qué innecesarios...

Mas no podía entonces comprenderlo.

En el fondo de mi vida joven y disoluta hallaron forma las imágenes de mi poesía, 
se gestaba el alcance de mi arte.

Por ello mis enmiendas fueron tan inconstantes. 
Mis resoluciones de continencia, de cambiar, 
duraban dos semanas como máximo.

El origen
Han satisfecho su placer
prohibido. Y del lecho se levantan,
vistiéndose apresuradamente sin hablarse.
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y
     mientras
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco.

Pero cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana, otro día, años después escritos serán
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.

(De: Konstantivos Kavafis, 56 poemas, trad. de José María Álvarez, Mondadori, Madrid, 1998)

sábado, 28 de abril de 2012

¡Escribir!

¿Escribir? Ay... ¡escribir! Es un acto de reflexión, confrontación y asinceramiento. Asinceramiento, sí; cuando se escribe se pueden inventar palabras. Escribir es un acto de creación, de invención y de descubrimiento. Mientras se escribe se van descubriendo palabras, estilos y mundos. La verdad no sé si el universo de lo escrito se crea, se inventa o se descubre. No sé si hay anaqueles en la biblioteca que algunos llaman universo (cf. Borges) con obras esperando a ser escritas. No sé si sólo hay un vacío y eso ofrece múltiples posibilidades de creación. No sé si lo que escribimos sólo es una reformulación de lo que hemos leído, vivido y escuchado durante nuestra vida; en ese caso lo que se inventa es la manera de decirlo. Escribir es tejer. Escribir es acomodar. Escribir es jugar con lego para armar una obra: cada vez es original pero parte de piezas dadas, estudiadas y trabajadas. Escribir también es dialogar con esas piezas, con los hilos, con el conocimiento, con la cultura, con las lecturas hechas, con las ideas incubadas, etcétera. Etcétera... ¡claro! Escribir es finalizar con un largo etcétera los días de la hermosa vida. 

"Retrato de Erasmo de Rotterdam"
Quentin Massys

jueves, 26 de abril de 2012

True Cover

En uno de tantos infomerciales de televisión abierta se anuncia un nuevo y efectivo maquillaje. Se llama True Cover y su propósito es cubrir manchas de nacimiento, cicatrices --aun las más grandes y profundas--, acné, ojeras, pecas, lunares, etc. También existe la versión para piernas capaz de ocultar estrías, celulitis, varices, moretones y demás. 

La promesa es cubrir por completo, como si no existieran esos "defectos". La promesa es ocultar. La oferta, parafraseando, es "hacer salir la belleza real". La persona con manchas se vuelve casi un mártir de su situación y condición física: nació con esas marcas, nació con esa predisposición genética para tener acné o celulitis. Tiene un problema y True Cover puede ayudar. 

Podría lamentarme sobre la sociedad posmoderna superficial; podría desmitificar las características publicitarias de los infomerciales de este producto. Me limitaré a un par de comentarios sobre detalles que me parecieron muy curiosos. Primero, la frase que yo parafraseo pero aun así mantiene la esencia de lo que los anunciantes quisieron decir: el producto "hace salir la belleza real". Me parece una frase cínicamente paradójica  pues la belleza real debería corresponder a la realidad. ¿Una piel sin un rastro de imperfecciones de cualquier tipo realmente corresponde a la realidad? La piel está expuesta a cambios de climas, contaminación, luz solar. La piel refleja el paso del tiempo, los cambios alimenticios, los estados de ánimo. ¡Eso me parece muy real! El comercial, en cambio, planeta la belleza real como la perfección plástica. Las características específicas de la piel de una persona pueden atentar contra esa perfección. Atentan contra la belleza entonces y hay que remediarlo. Por supuesto, el producto, su publicidad e incluso los clientes de aquél responden a un modelo de belleza estandarizado y generalizado. Claro que también hay que considerar que en su idioma original, el comercial debería decir "true beauty", y en ese caso dicho adjetivo habría sido seleccionado por su correspondencia con  el nombre del producto: True Cover to get true beauty.


Otro detalle: gran parte de los productos que he visto anunciados en la televisión o en el supermercado hacen la promesa de reparar un problema, solucionarlo de raíz, disminuir su apariencia. True Cover sólo lo oculta: no pretende arreglarlo permanentemente, sólo cubrirlo desde que una persona sale de su casa hasta que vuelve a regresar a ella. No importa que la mancha, cicatriz o lo que sea siga ahí, lo que importa es que no se note: el gran hit de las apariencias, ¿no? Mientras se está fuera de casa y se usa el maquillaje, uno puede resaltar su "belleza real". Cuando se vuelve al hogar y se lava el rostro, uno vuelve a ser mártir de esas imperfecciones patéticas. Una persona se maquilla con True Cover y al hacerlo se camuflea, se metamorfosea, se oculta. ¿Qué pasará cuando la vean en estado natural?

Así es la publicidad, así es el mercado, así es la posmodernidad, así es la vida y así somos nosotros. 

Usted, estimado lector fantasma, ¿qué opina?

jueves, 12 de abril de 2012

Gonzalo Rojas: latín, jazz, mujeres, fornicios y demás.



Olvidé por mucho tiempo la existencia del poeta chileno Gonzalo Rojas, hasta ayer. Ahora que lo he recordado y releído, comparto algunos poemas.

Latín y jazz

Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong, lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas, lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,
                   ¡Tánatos!


¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: ¿amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.


Retrato de mujer

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte; por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice  el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz de arcángel y una boca de animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas como inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura. 


La loba

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro.


Perdí mi juventud en los burdeles...

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido
ni un instante, mi bestia,
máquina del placer, mi pobre novia
reventada en el baile.

Me acostaba contigo,
mordía tus pezones furibundo,
me ahogaba en tu perfume cada noche,
y al alba te miraba
dormida en la marea de la alcoba,
dura como una roca en la tormenta.

Pasábamos por ti como las olas
todos los que te amábamos. Dormíamos
con tu cuerpo sagrado.
Salíamos de ti paridos nuevamente
por el placer, al mundo.

Perdí mi juventud en los burdeles,
pero daría mi alma
por besarte a la luz de los espejos
de aquel salón, sepulcro de la carne,
el cigarro y el vino.

Allí, bella entre todas,
reinabas para mí sobre las nubes
de la miseria.

A torrentes tus ojos despedían
rayos verdes y azules. A torrentes
tu corazón salía hasta tus labios,
latía largamente por tu cuerpo,
por tus piernas hermosas
y goteaba en el pozo de tu boca profunda.

Después de la taberna,
a tientas por la escala,
maldiciendo la luz del nuevo día,
demonio a los veinte años,
entré al salón esa mañana negra.

Y se me heló la sangre al verte muda,
rodeada por las otras,
mudos los instrumentos y las sillas,
y la alfombra de felpa, y los espejos
copiaban en vano tu hermosura.

Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor
a muerte.

No he podido saciarme nunca en nadie,
porque yo iba subiendo, devorado
por el deseo oscuro de tu cuerpo
cuando te hallé acostada boca arriba,
y me dejaste frío en lo caliente,
y te perdí, y no pude
nacer de ti otra vez, y ya no pude
sino bajar terriblemente solo
a buscar mi cabeza por el mundo.



Por último, dejo el que es quizás mi favorito aunque confieso que principalmente lo es por nostalgia (fue el primero que conocí).

El fornicio 

Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, 
te turbulentamente besara, 
mi vergonzosa, en esos muslos 
de individua blanca, tocara esos pies 
para otro vuelo más aire que ese aire 
felino de tu fragancia, te dijera española 
mía, francesa mía, inglesa, ragazza, 
nórdica boreal, espuma 
de la diáspora del Génesis... ¿Qué más 
te dijera por dentro?
                                 ¿griega, 
mi egipcia, romana 
por el mármol?
                       ¿fenicia, 
cartaginesa, o loca, locamente andaluza 
en el arco de morir 
con todos los pétalos abiertos, 
                                               tensa 
la cítara de Dios, en la danza 
del fornicio?

Te oyera aullar, 
te fuera mordiendo hasta las últimas 
amapolas, mi posesa, te todavía 
enloqueciera allí, en el frescor 
ciego, te nadara 
en la inmensidad 
insaciable de la lascivia, 
                                      riera 
frenético el frenesí con tus dientes, me 
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo 
de otra pureza, oyera cantar las esferas 
estallantes como Pitágoras, 
                                          te lamiera, 
te olfateara como el león 
a su leona, 
                para el sol, 
fálicamente mía, 
                          ¡te amara!

domingo, 18 de marzo de 2012

Anécdota de la clase de alemán

En el alemán hay algunos contextos consonánticos en los que debe insertarse una vocal "de apoyo" para que sea más fácil pronunciar la palabra completa. Pasa más frecuentemente cuando los morfemas se encuentran (cuando uno que termina con consonantes debe unirse con uno que comienza con éstas).

En la clase de alemán de ayer, mi profesor me dijo que en la conjugación de la segunda persona singular --del presente de indicativo-- de arbeiten ('trabajar') se tenía que añadir una vocal entre la raíz del verbo y la terminación de persona para que en lugar de quedar arbeitst, quedara arbeitest. Me planteó la razón como muy obvia: arbeitst es muy difícil de pronunciar. Entonces, yo muy bonita, me pasé gran parte de la clase añadiendo esa vocal a la conjugación de segunda persona de todos los verbos porque me parecía muy difícil pronunciarlos sin ella...

Mi profe me corrigió pacientemente todos los casos en los que lo hice hasta que opté por dejar de usar la dichosa vocal aunque la palabra me pareciera "impronunciable". Mi maestro ya no me corrigió nada el resto de la clase.



Oh, alemán... eres tan bonito y especial.

jueves, 1 de marzo de 2012

Palabrotas en alemán

El alemán es una lengua muy conceptual. Seguramente usted ha visto, estimado lector fantasma, palabras en alemán compuesta por más de quince letras. La sencilla explicación a muchas de ellas es que están formadas por otras palabras o por morfemas --es decir, segmentos pequeños que representan la unidad mínima de análisis gramatical--, cada uno de los cuales aporta cierta información; toda la información da como resultado un concepto: lo que se entiende con esa palabra.

Un bonito ejemplo es una de las formas para decir nacionalidad:

Staatsangehörigkeit

Antes de entrar en pánico, veamos las partes en las que está dividida:

Staat-s-an-gehörig-keit

Identificar la separación permite, sobre todo a quien no tiene el alemán como lengua materna, comprender el concepto y además pronunciar la palabra sin quedarse sin aire y con las correctas entonación y acentuación.

Ahora veamos qué significa cada morfema:

Staat- 'país'
s- no tiene significado, su función es fonética (podría ser llamada una consonante de unión)
an- 'posición vertical', da la idea de estar de pie sobre algo
gehörig- 'tierra'
keit- el significado es abstracto y correspondería al -ad de nacionalidad o de otras palabras como libertad, seguridad, conformidad, etc.

La nacionalidad ha quedado descifrada. Antes de que usted piense, estimado lector fantasma, que el alemán es la lengua más extraña que ha visto, escuchado o analizado y que no quiere saber nada de ella, permítame darle un ejemplo de otra famosa palabrota que debe resultarle familiar:

Anticonstitucionalmente

anti- da el significado de oposición a lo que sigue
constitucional- a la vez se puede dividir en constitución y en el sufijo -al que significa, 'referente a'
mente- sufijo que permite hacer un adverbio de cualquier adjetivo

La diferencia quizás sea que en alemán se puede expresar una idea muy concreta y muy conceptual mientras que en español los morfemas suelen ser más abstractos (basta con comparar que en Stadtsangehörigkeit hay tres sustantivos y en anticonstitucionalmente hay sólo uno) y el significado no suele ser tan transparente.

Finalizo este breviario cultural pseudolingüístico con un artículo ficticio no apta para hablantes de alemán sensibles:

http://www.elmundotoday.com/2011/06/los-alemanes-piden-a-su-gobierno-un-idioma-mas-facil/



PD. La palabrota se pronuncia más o menos shtat-san-gueorír-káit, ambas /r/ con como la /r/ francesa.

sábado, 25 de febrero de 2012

All you need is love

Noche fría y lluvia.
Papeles viejos y café.
Una llamada teléfónica y...
la voz más dulce, suave, candorosa.

Amor. No necesitamos nada más.

Mi ma

Mi mamá es una mujer hermosa. Conozco a pocas personas con un corazón tan grande. Es increíblemente bondadosa y amorosa. Ahora que ya no vivimos juntas la extraño muchísimo. Algo raro: nuestra relación ha mejorado. Me encanta llamarle por teléfono a su trabajo y chismear un rato. Amo cuando la visito y me recibe con un abrazo fuerte y de verdad cariñoso. Me ama y se siente orgullosa de mí, aunque no merezco nada de eso. Me ama y cree que hago de mi vida algo bueno. Yo, su hija, soy floja, desidiosa, horrible. Pero mis padres, mis hermanos, mi mamá me inspiran a esforzarme por ser mejor.

Sé que el párrafo anterior es tremendamente cursi, trillado y lleno de lugares comunes... pero qué puedo hacer o decir. No estoy en mi mejor momento emocional. En estos momentos oscuros y frágiles sólo el amor me puede hacer sentir mejor, sólo personas como mi mamá me hacen sentir que puedo hacer algo bonito y útil con mi vida. Cuánto anhelo que un día diga "me siento orgullosa de ti, todo lo que hice por ti valió la pena porque eres justo lo que soñé que serías".

Te amo, mamá.

sábado, 18 de febrero de 2012

La fée

Hace unos días encontré un hada en la casa, otra vez. Todo mundo sabe que las hadas no existen y, sin embargo,  estaba allí. Sentada junto a la ventana, tomando los primeros rayos del sol y leyendo el periódico, tomaba una taza de café cargado. ¿Cómo supe que estaba cargado? Por el aroma: es inconfundible el aroma del café que prepara esa criatura. La miré y me miró. Nuestras miradas permanecieron fijas la una en la otra durante un par de minutos. Luego volvió la vista al periódico y yo fui a la cocina a prepararme el desayuno.
La sartén violeta estaba en la hornilla superior izquierda. Yo nunca la dejo ahí.  Había sobre ella tres panecillos franceses hechos con canela y sustituto de azúcar. Ya no había café en la cafetera. Puse más y mientras se preparaba freí un par de huevos. Me senté junto al hada.  Sentí el impulso de pedirle las secciones del periódico que no estuviera usando pero me detuve muy a tiempo luego de recordar lo que pasó en las pocas ocasiones que intenté hablarle: desapareció instantáneamente dejando en el ambiente un olor a leche quemada.
El hada no viene –o aparece– todos los días. Cuando viene no hablamos: nos miramos, a veces mucho y a veces poco; a veces ni siquiera la noto hasta que encuentro la sartén violeta fuera de su lugar y percibo el olor a café. No sé si siempre estuvo ahí y no la había visto. No sé si siempre está aquí y sólo la noto cuando prepara café. La primera vez que la hallé, estaba reclinada en mi sofá color burdeos. Lo único que recuerdo de ese momento es el olor a leche quemada y la canción en mi cabeza: “Moi aussi j’ai une fée chez moi…”. Siempre me he preguntado qué fue primero: el hada o la canción. No sé si una invocó a la otra, si llegaron simultáneamente o si fue una curiosa coincidencia.


Sigo mi vida normal y supongo que ella la suya. Aún no le he hablado a la gente de ella. Podría hacerlo en cualquier momento pero seguramente harían preguntas que yo mismo no puedo contestar. No sé por qué la llamo hada, si nunca la he visto hacer magia. No entiendo de dónde vino ni por qué me escogió a mí: ¿por qué yo, por qué mi casa, qué hay de especial aquí? No sé por qué no hablamos y desaparece si intento hacerlo. No entiendo de dónde viene el olor a leche quemada. Tampoco entiendo con exactitud quién o qué es. Podría dudar de su existencia y en consecuencia de mi cordura pero no puedo: si lo hago quedaría la incertidumbre aun mayor de quién se toma mi café. 

viernes, 17 de febrero de 2012

McDonalds®: odi et amo

Odio a McDonalds® porque lo amo. Me encanta® (sí, así como el slogan) cualquiera de sus hamburguesas. Lo que no me encanta es contribuir a su riqueza y sentir que soy la perfecta víctima de sus tretas mercadológicas.

Seriamente me he preguntado si mis gustos están influidos directa pero inconscientemente por la publicidad que a diario recibo. Es probable que así sea. Gran parte de un ser humano, incluidos sus gustos, está construido por la cultura en la que ha crecido. Entonces no es descabellado pensar que mis gustos estén influenciados por las miles de imágenes, slogans, canciones pegajosas, logos y demás que llegan a todos mis sentidos desde que he nacido. Quizás esa sea la razón por la que me gusta (me encanta) la empresa de comida rápida mencionada.

"Haiga sido como haiga sido" ya soy parte de sus consumidores. Uno de mis pequeños --literalmente pequeños-- placeres es comprar la cajita feliz (¿ésta también debe llevar ®?). Juguete más hamburguesa con queso, unas papas y un refresco sin exceso, por 49 pesos me parecía una compra razonable. Sin embargo hace unas horas me llevé una gran decepción al darme cuenta de que ahora dan las papas y el refresco mucho más pequeños de lo que ya eran. ¡Hasta parecen de juguete! También hay que mencionar que ahora la cajita feliz incluye una pequeña bolsa con gajos de manzana (que quizás ni siquiera forman media manzana). Las hipótesis al respecto son:

a) "Alguien" (léase alguna organización gubernamental relacionada con la salud) los obligó a hacer la comida más sana --ligeramente menos chatarra-- y ahora deben incluir frutas y verduras.

b) Decidieron por voluntad propia hacer más sano el menú con fines mercadológicos (expandir el mercado, venderse como empresa más sana, darle atole con el dedo a la gente y consolarlos por comer y dejar a sus hijos comer en ese lugar).

En cualquiera de los dos casos, para compensar los miles de millones invertidos en esas bolsitas de manzana, ahora hacen el resto de los componentes más pequeños.

Pero esta reducción no es exclusiva de las cajitas felices. Recuerdo que las Big Mac® también eran más grandes. ¿Qué pasó? McDonalds® es una de esas empresas que se puede jactar de mantener los precios aun en tiempos de crisis... a costa, claro, de reducir sutilmente el tamaño de sus productos. Pero es lógico que la gente salga pueda salir con hambre al consumir un paquete más pequeño, ¿cómo hacerle entonces para que sigan comprando? Muy fácil: aumentar la variedad de productos e introducir promociones. Entonces tenemos ahí los famosos combos (McTríos®) agrandados por menos de diez pesos, los complementos (que inlcuso pueden ser más hamburguesas) por doce pesos y la infinita oferta de postres y cafés para la sobremesa. Claro que cualquiera de estos productos que he mencionado se puede adquirir a un mejor precio si se compra un combo o incluso sólo si se compra uno. También hay que recordar que con la introducción de ensaladas expandieron el mercado de venta y con los desayunos, el horario.


Al final, McDonalds® siempre va a ganar --y sería tonto que no lo hiciera-- y los consumidores, ¿también? ¿De verdad me gusta su comida o sólo creo que me gusta? Da igual, supongo, porque seguiré comiendo de vez en cuando ahí y seguiré disfrutándolo aunque algunos días, como hoy, saldré decepcionada y contrariada. No sé si llegue el día en que puedan más mis razonamientos que mis ganas de comprar una cajita feliz. Ya les estaré contando.




PD. Y esto es sólo una pequeña pizca de lo analizable en un sistema de comida rápida que hace a sus respectivas marcas --y empresas-- ser tan redituables y... ¿deliciosas?